Joshua y la ciudad, JOSEPH F. GIRZONE

La ingienería genética debe suponer un gran desafío para una una joven estudiante. Cuando apareció en el corazón de Dios la vida era muy hermosa. Sin embargo, ya ha transcurrido mucho tiempo desde la creación, y han surgido tantos problemas y se han producido tantos trastornos… El uso descuidado de los dones de la naturaleza y el abuso del entorno han causado graves daños a la maravillosa obra de mi Padre. Los científicos son capaces de corregir muchos de los errores y quizás incluso lleguen a reparar los accidentes que han dañado nuestra estructura genética.

No obstante, esta clase de trabajo es muy delicada. Las personas humildes que no necesitan jugar a ser Dios son las más indicadas para llevarlo a cabo. Si se deja en manos de personas arrogantes que carecen de valores morales, causaría más daños a la raza humana y a la naturaleza que una bomba atómica. Un científico, aunque sea un genio, puede ser un niño desde el punto de vista moral, insensible a todos los monstruos que crea. La vida humana es sagrada y como tal hay que tratarla. Colaborar con Dios en el perfeccionamiento de Su creación supone un gran privilegio. Esto debe hacerse con humildad y con una plegaria en los labios, porque al dar forma al destino de la humanidad participas del poder del mismísimo Dios.

Este fragmento del libro me llegó al corazón especialmente, tal vez por mi formación de bióloga y mi condición de eterna aprendiz de científica.

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